• "SÍGUEME"


    22 de enero: Jornada de Infancia Misionera 2017
  • INFANCIA MISIONERA


    Demos voz a los niños, son parte de la Iglesia y parte importante
  • ¿QUÉ ES INFANCIA MISIONERA?


    Una obra del Papa que promueve la ayuda recíproca entre los niños del mundo
  • ¿CÓMO AYUDA INFANCIA MISIONERA?


    Con cerca de 17 millones de euros de ayudas enviadas y más de 2.700 proyectos atendidos
  • ¿CÓMO PUEDES AYUDAR?


    Tu donativo servirá para que miles de niños puedan llevar una vida digna

18 de enero de 2017

Infancia Misionera "SÍGUEME"

De torero a....

Alberto Íñigo Ruano es misionero de la diócesis de Getafe en Brasil. Aunque soñaba con ser torero, su experiencia como monaguillo de niño le hizo abrirse a la llamada de Jesús a seguirle como sacerdote… ¡y misionero!





¿Qué quería usted ser de niño? Cuéntenos alguna cosa de tu infancia
Mi deseo de niño era ser o torero o futbolista. Me gustaban también mucho los camiones, conducir.....

¿En qué momento oyó la llamada de Jesús a seguirle?
Comencé a ser monaguillo a los 7 años y fue ahí, cerca del Altar, donde escuché la llamada. 

¿En qué consiste actualmente su Misión?
Mi misión consiste en llevar el Amor de Dios, Su misericordia, sacramentos, ánimo, presencia, consejos, compañía...... a personas que nunca tuvieron esta oportunidad.
Estoy en Un municipio con 28 pueblos en la Diócesis de Bacabal, Brasil. Y soy el primer Sacerdote que vive con ellos. Nunca tuvieron un párroco. 

¿Se cumple de algún modo lo que soñaba?
Sí, claro. Me fui al seminario a los 11 años. Cuando, nada más llegar, me hicieron un examen psicológico con muchas preguntas... Mi respuesta a... ¿¿Qúe quieres ser de mayor??? Fue, torero, futbolista.... ¡¡¡O Sacerdote!!!!
De siempre me ha llamado mucho la atención las misiones, misioneros,.... Llevo 15 años de Sacerdote y 14 años pidiendo esta gracia. 




A Alberto el 'Sígueme' de Jesús le cambió la vida. Hoy Jesús sigue llamando a los niños para seguirle en sus vidas e Infancia Misionera les ayuda a crecer en la fe.

9 de enero de 2017

"Opción por lo pequeño" Por Anastasio Gil Director de OMP en España


La celebración de la Jornada de Infancia Misionera el cuarto domingo de enero es una invitación a las comunidades eclesiales, donde los niños se están iniciando en el conocimiento de Jesús, la celebración sacramental, el aprendizaje de la vida evangélica, y el compromiso apostólico y misionero. La Jornada de Infancia Misionera 2017, con su lema "Sígueme" incide especialmente en la tercera dimensión, la práctica de la vida cristiana, siguiendo el rastro de Jesús.

El 22 de enero con la Jornada de Infancia Misionera, la Iglesia en España invita a los fieles a remansar la mirada en los más pequeños y celebrar con ellos una jornada misionera. Apenas cerrado el tiempo de Navidad, en el que hemos contemplado a Dios hecho niño, se enciende una nueva luz que ilumina la expresión de estos pequeños: ahora es en sus caras donde seguimos contemplando el rostro de Dios.

Los niños, los más vulnerables
Esa contemplación de los niños y de su fragilidad suscita en los mayores una especial cercanía y complicidad. Cualquier noticia que denuncia su sufrimiento y exclusión es causa de dolor y de compromiso por subsanar estas situaciones. Niños abandonados, sometidos a trabajos físicos más allá de sus capacidades y de sus derechos, víctimas de comercio o de la droga...; realidades que parecen no tener remedio, porque la frecuencia y diversidad de estos atropellos se multiplica, a pesar de las denuncias y alarmas sociales. 
Tal es la repercusión que esta indefensión tiene en la sociedad que en 1924 se hizo pública la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, y hace exactamente 70 años nació UNICEF. También en España se ha aprobado una Ley de la Infancia. Pero se vuelve a constatar la fractura entre la legislación y el egoísmo de algunos sectores de la sociedad. Basta asomarse a los medios de comunicación para comprobar que, pese a estas cautelas legislativas y tantas declaraciones de condena, la infancia sigue siendo víctima de la violencia doméstica, el tráfico de órganos, el trabajo inapropiado, el abuso sexual o la eliminación de los concebidos no nacidos.
De nuevo es necesario asomarse al Evangelio y descubrir que, para Jesús, los niños son más que seres dignos de respeto y protección, objeto de atención personal, educativa y social. Hay un plus que brota de la novedad del Evangelio: los niños pasan a ser protagonistas de su propio destino. En la mentalidad judía, pertenecían a la categoría de los “sin dignidad”. Pero Jesús realiza un cambio jerárquico, colocando en el centro del anuncio a las categorías marginadas. Así, el niño aparece en el punto de partida y de llegada del Reino.

Dar y recibir, siguiendo a Jesús
Muy a menudo, este Reino que Jesús describe en las parábolas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, la pizca de levadura... Jesús mismo quiso vivir la experiencia de la infancia, pasando treinta años en la sencillez y el ocultamiento. Su ejemplo ha sido secundado por la Iglesia. Clara manifestación de esta opción es la Obra que nació en 1843, cuando el obispo de Nancy (Francia), Mons. Forbin-Janson, descubrió en los niños de su diócesis el medio más eficaz para cooperar en la evangelización de los más pequeños. Ahora son más de 130 los países donde los niños, por una parte, reciben de Infancia Misionera las ayudas necesarias para evitar tantas situaciones dramáticas; pero, además, ellos mismos asumen el compromiso de ayudar a otros niños, convirtiéndose, efectivamente, en protagonistas de una bonita historia de solidaridad.
Los frutos no se hacen esperar, porque en el carisma fundacional se contempla el don de la reciprocidad. No hay unos, ricos, que dan y otros, pobres, que reciben. Todos, los de aquí y los de allá, dan de lo que tienen. Y, en muchos casos, más de lo que tienen, porque implican a los mayores en este ejercicio de donación. También reciben, y mucho. Porque el niño de Infancia Misionera recibe ante todo la oportunidad de salir de sí mismo e iniciar el recorrido de la fe, con sus educadores, catequistas y padres.

El itinerario se inicia el primer domingo de Adviento. Ellos tienen la oportunidad de descubrir cómo resuena la voz de Jesús, que cada domingo les dice al oído: “Sígueme”. Esta primera etapa culmina saliendo a las calles como “sembradores de estrellas”. A la vez, van preparando la “hucha del compartir”. Pasada la Navidad, se inicia la recta final, hasta la gran celebración del 22 de enero, cuando los pequeños presentan en la eucaristía las huchas repletas para los niños que más lo necesitan y, a cambio, reciben la mirada de complicidad de Jesús, que les anima a seguir subiendo por la escala del “Sígueme”, como muestra el cartel de la Jornada.

27 de diciembre de 2016

Felicitación de Navidad del Obispo D. Joaquin Mª López de Andújar, Obispo de Ge...


   
                       

23 de diciembre de 2016

¡¡FELIZ NAVIDAD!!


22 de diciembre de 2016

Salvemos la Navidad

La Navidad corre peligro. Nuestras ciudades lucen sus mejores galas, pero por sus calles circulan todavía muchos corazones cerrados al amor. En esta Navidad dejémonos sumergir en la experiencia única que supone sentir que Dios se ha hecho uno de nosotros.



La Navidad corre peligro. Nuestras ciudades y pueblos se llenan de luces y esplendor. Lucen sus mejores galas, muestran sus mejores ofertas… Pero por sus calles circulan todavía muchos corazones cerrados al amor, vacíos de afecto, oprimidos por el egoísmo que los aleja del otro... Son corazones demasiado autosuficientes para poder ver el hambre y la sed, el abandono y la desesperación, la injusticia y sus consecuencias. Así las cosas, se nos apagó el pesebre, se heló el aliento que podía dar calor y se fundieron los plomos que alumbraban la esperanza; no veremos llegar a los pastores, ni la estrella de Oriente y nos perderemos ese gran acontecimiento del año: el nacimiento de Jesús. 

La Navidad no es un cuento de niños, sino la respuesta de Dios al drama de la humanidad. Respuesta que nace de un niño que viene para todos, pero que se acerca con preferencia a los que casi veían arrebatada toda esperanza, a los que quedaron fuera… La Navidad es la revolución de la ternura; una invitación a lo que, en alguna ocasión, nos ha llamado el papa Francisco: a "correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos"; y también, claro está, "con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo".

Tocar la Navidad es decirle "no" a la indiferencia, "no" a la seguridad garantizada desde la injusticia, "no" al bienestar propio sin tener en cuenta las urgentes necesidades de los demás, "no" a la pasividad frente a tantos urgentes desafíos. Las dificultades, la incertidumbre y la crisis económica que se vive en nuestras sociedades y que toca a la humanidad entera han de constituir, de hecho, una oportunidad, un estímulo para ir más allá de la oscuridad, de los cantos de sirena del dios dinero...

Salvemos la Navidad, dejémonos sumergir en la experiencia única que supone sentir que Dios se ha hecho uno de nosotros. Así podremos saborear su amistad divina, esa que nos anima a abrir las puertas al otro, a salir hacia las periferias del abandono y a acoger los escombros de los "desechados" para reconstruir su dignidad perdida, la esperanza de su maltratada vida.

Hay motivos para proclamar que ni mucho menos todo está perdido. Debemos reconocer, como lo ha hecho el propio papa Francisco, que en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo". "¡Qué bueno –exclama– que los jóvenes sean callejeros de la fe, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra". Estamos de Buena Nueva, de Navidad. ¡Vamos a celebrarlo!

Alfonso Blas
Revista Supergesto